2.4.14

La defensa de Pablo Hasel aplicada a otros casos

El rapero Pablo Hasel ha sido sentenciado a dos años de prisión por varias canciones en las que vertía amenazas contra diferentes personas, el expresidente Zapatero, el exlehendakari Patxi López y el rey entre otros. Tanto el juicio como la consecuente condena de Pablo Hasel han sido de bastante interés para diferentes grupos comunistas, para algunos sectores de IU y sobre todo para los indignados. Aunque creo que el caso no ha tenido mucho impacto fuera de Twitter, creo que los indignados y su forma de entender la política son relevantes y por lo tanto me gustaría comentarlo.

Sobra decir que los mencionados sectores han hecho una encendida defensa de Pablo Hasel, amparando sus letras dentro de la libertad de expresión, y afirmando que la persecución contra él es la expresión de un sistema represivo y antidemocrático. Voy a intentar no ser demagógico. Muchos están diciendo que según este criterio, yo puedo llegar a tu casa y amenazarte delante de tus hijos, puedo amenazar a tus hijas con violarlas en tu propia cara y tú no puedes hacer nada porque es mi derecho a la libertad de expresión. Obviamente, lo que los comunistas e indignados andan diciendo es que el caso no es comparable porque una cosa es una amenaza entre particulares y otra la amenaza a un cargo público (como el Presidente del Gobierno), que sí estaría protegida por la libertad de expresión. Es decir, se da por hecho que sufrir amenazas "va en el cargo" y que amenazar a los responsables políticos es un derecho civil. Por eso me gustaría aplicar esta filosofía a un caso diferente del de Pablo Hasel.

Imaginad un pequeño municipio de, por ejemplo, 7000 habitantes. Al lado del pueblecito hay una reserva natural muy importante con bosques, lagos, etc. y que es área de cría del águila imperial. Resulta que un gran constructor, podrido de millones, quiere instalar allí una estación de esquí y un área hotelera. El alcalde del pueblo (del partido que sea) se opone a esto con todas sus fuerzas, con manifestaciones, tribunales, como puede. El constructor, en respuesta, escribe una carta a varios medios de comunicación vertiendo todo tipo de amenazas contra el alcalde y su familia. ¿Debe ser esto aceptado e incluso protegido? Después de todo, un alcalde, por pequeño que sea su municipio, es un cargo público también, y amenazarle a él y a su familia forma parte del derecho a la libre expresión según quienes defienden a Pablo Hasel.

Si aceptamos esto, en cierto modo, es decir, si consideramos que la extorsión y la amenaza tienen toda la validez democrática, podemos encontrarnos con que los cargos públicos sean consecuentemente extorsionados de mil maneras diferentes y que dicha extorsión sea además protegida por leyes y tribunales. Y esto evidentemente repercutirá en la vida de los ciudadanos de un modo u otro, ya que el ejercicio del gobierno será algo extremadamente más difícil. 

Obviamente no es lo mismo si hablamos del Presidente del Gobierno, y menos si sólo te amenaza un simple chaval como Pablo Hasel, por lo tanto lo más probable es que los resultados de esta amenaza legalizada los sufrieran más los cargos públicos más "débiles", como los alcaldes, los diputados autonómicos o ciertos jueces, que deberían estar sujetos a la extorsión sabiendo que no tienen ningún tipo de defensa frente a ella ya que ha quedado convertida en derecho. En este contexto, además, sería difícil encontrar gente dispuesta a ocupar una alcaldía o a impartir justicia, cosa que ya ocurre en países como México o en el sur de Italia donde la extorsión es algo cotidiano. En ciertas zonas de Italia los jueces son simbólicos porque están sujetos a amenaza mafiosa constante sin recibir amparo alguno, es decir, exactamente como los indignados pro-Hasel dicen que es lo democráticamente idóneo.

Algunos dirán la vuelta a la tortilla, pero en el fondo es exactamente esto lo que se pide. Pueden decir que yo estoy hablando de extorsiones mafiosas y que ellos hablan de libertad de expresión política, es decir, que las amenazas de Hasel responden a posturas políticas y no a intereses económicos o criminales. Bien, entonces cabría preguntarse: ¿y si las amenazas vinieran de la ultraderecha?

El rock y el hip-hop, aunque lo parezcan, no son territorio exclusivo de la izquierda. Existe por ejemplo el rock Neonazi. Imaginemos, por decir un caso, un grupo de punk-rock neofascista llamado Imperio. Este grupo publica varias canciones con amenazas explícitas contra algunos de los gurús de los indignados: Rosa María Artal, Alberto Garzón, los juzgados por el asedio al Parlament o el propio Pablo Hasel aparecen en canciones donde estos neonazis les amenazan a ellos y a sus familias. También escriben canciones alabando a Franco, a Hitler y a los asesinos de los abogados de Atocha. Y son posteriormente encausados y juzgados. ¿Estarían los comunistas, los indignados y ciertos sectores de IU poniendo el grito en el cielo y diciendo que este grupo neonazi de rock debe ser protegido en base a la libertad de expresión?

Debemos esperar que la próxima vez que los miembros de un grupo de rock neonazi sean detenidos - esto ha ocurrido más de una vez en España y Europa - los indignados salgan en su encendida defensa.

Creo que el caso de Pablo Hasel, aunque irrelevante para el gran público, dice mucho sobre los indignados que sí que son relevantes. Sobre los comunistas no dice nada nuevo, porque llevan ahí muchos años y su ideología es bien conocida. Pero sí habla de los indignados y del tipo de democracia real que quieren construir y la clase de sociedad que desean: una democracia en la que la extorsión sea algo no sólo admitido sino protegido por las leyes y socialmente aceptado.

No hay comentarios:

¿Qué opinas?