2.4.14

La defensa de Pablo Hasel aplicada a otros casos

El rapero Pablo Hasel ha sido sentenciado a dos años de prisión por varias canciones en las que vertía amenazas contra diferentes personas, el expresidente Zapatero, el exlehendakari Patxi López y el rey entre otros. Tanto el juicio como la consecuente condena de Pablo Hasel han sido de bastante interés para diferentes grupos comunistas, para algunos sectores de IU y sobre todo para los indignados. Aunque creo que el caso no ha tenido mucho impacto fuera de Twitter, creo que los indignados y su forma de entender la política son relevantes y por lo tanto me gustaría comentarlo.

Sobra decir que los mencionados sectores han hecho una encendida defensa de Pablo Hasel, amparando sus letras dentro de la libertad de expresión, y afirmando que la persecución contra él es la expresión de un sistema represivo y antidemocrático. Voy a intentar no ser demagógico. Muchos están diciendo que según este criterio, yo puedo llegar a tu casa y amenazarte delante de tus hijos, puedo amenazar a tus hijas con violarlas en tu propia cara y tú no puedes hacer nada porque es mi derecho a la libertad de expresión. Obviamente, lo que los comunistas e indignados andan diciendo es que el caso no es comparable porque una cosa es una amenaza entre particulares y otra la amenaza a un cargo público (como el Presidente del Gobierno), que sí estaría protegida por la libertad de expresión. Es decir, se da por hecho que sufrir amenazas "va en el cargo" y que amenazar a los responsables políticos es un derecho civil. Por eso me gustaría aplicar esta filosofía a un caso diferente del de Pablo Hasel.

Imaginad un pequeño municipio de, por ejemplo, 7000 habitantes. Al lado del pueblecito hay una reserva natural muy importante con bosques, lagos, etc. y que es área de cría del águila imperial. Resulta que un gran constructor, podrido de millones, quiere instalar allí una estación de esquí y un área hotelera. El alcalde del pueblo (del partido que sea) se opone a esto con todas sus fuerzas, con manifestaciones, tribunales, como puede. El constructor, en respuesta, escribe una carta a varios medios de comunicación vertiendo todo tipo de amenazas contra el alcalde y su familia. ¿Debe ser esto aceptado e incluso protegido? Después de todo, un alcalde, por pequeño que sea su municipio, es un cargo público también, y amenazarle a él y a su familia forma parte del derecho a la libre expresión según quienes defienden a Pablo Hasel.

Si aceptamos esto, en cierto modo, es decir, si consideramos que la extorsión y la amenaza tienen toda la validez democrática, podemos encontrarnos con que los cargos públicos sean consecuentemente extorsionados de mil maneras diferentes y que dicha extorsión sea además protegida por leyes y tribunales. Y esto evidentemente repercutirá en la vida de los ciudadanos de un modo u otro, ya que el ejercicio del gobierno será algo extremadamente más difícil. 

Obviamente no es lo mismo si hablamos del Presidente del Gobierno, y menos si sólo te amenaza un simple chaval como Pablo Hasel, por lo tanto lo más probable es que los resultados de esta amenaza legalizada los sufrieran más los cargos públicos más "débiles", como los alcaldes, los diputados autonómicos o ciertos jueces, que deberían estar sujetos a la extorsión sabiendo que no tienen ningún tipo de defensa frente a ella ya que ha quedado convertida en derecho. En este contexto, además, sería difícil encontrar gente dispuesta a ocupar una alcaldía o a impartir justicia, cosa que ya ocurre en países como México o en el sur de Italia donde la extorsión es algo cotidiano. En ciertas zonas de Italia los jueces son simbólicos porque están sujetos a amenaza mafiosa constante sin recibir amparo alguno, es decir, exactamente como los indignados pro-Hasel dicen que es lo democráticamente idóneo.

Algunos dirán la vuelta a la tortilla, pero en el fondo es exactamente esto lo que se pide. Pueden decir que yo estoy hablando de extorsiones mafiosas y que ellos hablan de libertad de expresión política, es decir, que las amenazas de Hasel responden a posturas políticas y no a intereses económicos o criminales. Bien, entonces cabría preguntarse: ¿y si las amenazas vinieran de la ultraderecha?

El rock y el hip-hop, aunque lo parezcan, no son territorio exclusivo de la izquierda. Existe por ejemplo el rock Neonazi. Imaginemos, por decir un caso, un grupo de punk-rock neofascista llamado Imperio. Este grupo publica varias canciones con amenazas explícitas contra algunos de los gurús de los indignados: Rosa María Artal, Alberto Garzón, los juzgados por el asedio al Parlament o el propio Pablo Hasel aparecen en canciones donde estos neonazis les amenazan a ellos y a sus familias. También escriben canciones alabando a Franco, a Hitler y a los asesinos de los abogados de Atocha. Y son posteriormente encausados y juzgados. ¿Estarían los comunistas, los indignados y ciertos sectores de IU poniendo el grito en el cielo y diciendo que este grupo neonazi de rock debe ser protegido en base a la libertad de expresión?

Debemos esperar que la próxima vez que los miembros de un grupo de rock neonazi sean detenidos - esto ha ocurrido más de una vez en España y Europa - los indignados salgan en su encendida defensa.

Creo que el caso de Pablo Hasel, aunque irrelevante para el gran público, dice mucho sobre los indignados que sí que son relevantes. Sobre los comunistas no dice nada nuevo, porque llevan ahí muchos años y su ideología es bien conocida. Pero sí habla de los indignados y del tipo de democracia real que quieren construir y la clase de sociedad que desean: una democracia en la que la extorsión sea algo no sólo admitido sino protegido por las leyes y socialmente aceptado.

13.11.13

Por qué la sandalia de David Fernández daña a la izquierda

 


Todos conocemos el episodio de David Fernández amenazando simbólicamente a Rato con una sandalia. Quiero comentarlo para explicar por qué creo que estas actitudes dañan a la izquierda más que la benefician. Y no, no es por el tema del matonismo - personalmente, creo que interpretar lo de la sandalia más allá del ámbito retórico es exagerar -.

Lo que David Fernández le dijo a Rodrigo Rato estuvo muy bien, especialmente cuando le preguntó si le gustaría perderlo todo como tantas familias que han sido desahuciadas. El problema es que con lo de la sandalia, que en el fondo es una chorrada, consiguió que los medios - y por tanto la gente - ignorasen el contenido de sus palabras. El público debería haberse centrado en el silencio humillante del banquero, que no supo contestar correctamente a las acusaciones, y no en algo que no pasa de pura anécdota. Si hay una chorrada, la prensa se va a fijar en la chorrada.

Algunos dirán que la política no debe hacerse pensando en el impacto mediático, y es verdad, pero también es cierto que las cosas se cambian gobernando y para gobernar hay que ganar elecciones, y las elecciones se ganan conectando con el público. Estos días en vez de comentar cómo Rato fue incapaz de defenderse cuando se le acusó de hundir en la miseria a miles de familias, estamos hablando todos de la sandalia de David Fernández. Y eso es bueno para Rato y lo que representa.

Probablemente Fernández quería enviar un guiño a sus bases, ya que lo de los zapatos es habitual en las sociedades musulmanas y las izquierdas radicales españolas tienen una fuerte conexión con la política árabe. Lo malo es que eso es, resumidamente, predicar entre conversos. Las bases del CUP ya están convencidas y ya saben que los árabes tiran zapatos y son guays, pero de lo que se trata es de trascender y llegar a una mayoría social descontenta más amplia.

La izquierda radical española, sea en Cataluña, País Vasco o en el ámbito nacional, se ha quedado atrapada en algo que es pura estética. Gestos como el de Fernández seguramente encantarán a un chaval de ESO que lleva la camiseta del Ché, escucha a Kortatu y piensa que todo eso es muy revolucionario. Pero a una pareja de treinta y cinco que está preocupada por la hipoteca, los pañales del pequeño y el comedor escolar del mayor, seguramente esto le sonará a cachondeíto o le parecerá postureo y no le ayudará a ganar confianza en las alternativas de izquierda. Problemas serios exigen respuesta seria y no basta con ser serio, hay que parecerlo. A la gente que está sufriendo hay que ofrecerle algo más que estética punk kalimotxera y actitud porque con la actitud ni se ganan elecciones ni se reforman las leyes.

Creo que en parte esta actitud de la izquierda ha sido alimentada por el éxito de los procesos revolucionarios en la América Bolivariana donde esta teatralización de la política es habitual, pero no se están teniendo en cuenta diferencias importantes.

Uno de los motivos por los que este tipo de escenificación política tuvo éxito en Latinoamérica es porque en naciones como Venezuela la izquierda bolivariana tenía el apoyo del ejército y el soporte de grandes masas de campesinos pobres con su lenguaje particular, lenguaje que Chávez siempre interpretó a la perfección. Es otra cultura y es otro contexto, Europa no es América Latina ni tiene los mismos problemas, por lo tanto no sirve la misma escenografía. No hay más que ver el caso de países como Brasil donde las circunstancias eran otras y la izquierda, por lo tanto, tuvo que tomar vías diferentes o más convencionales para lograr el poder y llegar a objetivos similares.

Yo soy de los que creen que Europa necesita el equilibrio entre una izquierda socialdemócrata y "sistémica" y una radical y revolucionaria. Está claro que la izquierda radical ha subido con la crisis pero tampoco es que haya tumbado al sistema. Con este tipo de interpretaciones orientadas más a gustar en Twitter o a fascinar a los punkarras de barrio que a pasar reformas reales se pierde la oportunidad de llegar a una mayoría social amplia y lograr una transformación visible de la situación política.

Si te comportas como un payaso no te van a tomar en serio aunque estés diciendo la verdad. Los que sufren te tomarán por un niño de papá que va de punki y que no puede o no quiere solucionar sus problemas, perdiendo así el soporte ciudadano. Es necesaria una izquierda radicalmente reformista que esté dispuesta a reestructurar una economía injusta pero desde una actitud confiable y seria que pueda ser respaldada por todos los ciudadanos independientemente de su tribu urbana o sus gustos estéticos.



Para que no parezca que estoy comentando ambigüedades voy a poner un ejemplo con nombre y apellidos: Alexis Tsipras, el líder de SYRIZA.

Alexis Tsipras representa y es lo mejor de la izquierda radical europea. Tsipras no ganó las elecciones en Grecia, pero demostró que una izquierda radical puede romper el cerco y conectar con una mayoría social amplia siguiendo las reglas estructurales de una democracia liberal. Tsipras ha demostrado que una izquierda radical puede tomarse en serio los problemas de los ciudadanos y plantear reformas políticas en lugar de obsesionarse con el postureo, con parecer guay, con triunfar en Twitter o con gustarle a las tribus urbanas.

Si más izquierdas como la representada por Tsipras se configurasen en cada país de la Unión y actuasen coordinadamente y en clave europea es posible que pudiéramos tumbar el dominio neoliberal germano. Lamentablemente, los griegos están solos en esto ya que otras izquierdas radicales como la española, la portuguesa o la francesa siguen centradas en cuestiones estéticas, comportándose como si aún fuéramos ricos o tuviéramos una clase media sólida, como si ser "revolucionario" aún se redujera a llevar una camiseta o un corte de pelo equis cuando tiene todo que ver con los problemas de los ciudadanos.

9.7.13

El "mito" del empleo basado en innovación


En España llevamos varios años oyendo que el cambio de rumbo económico debería ir, sí o sí, vía innovación. Algo que por cierto no se está haciendo, pero que los políticos prometen a bombo y platillo cada vez que hablan de recuperación.

Lo que creo que tenemos que preguntarnos es, en caso de que esto realmente se hiciera - basar la economía en la innovación - si sería una buena estrategia en nivel de creación de empleo - teniendo en cuenta que el desempleo es nuestro mayor problema -. Para analizar el asunto aunque sea a modo de aproximación, una forma rápida es echar un ojo a los niveles de contratación de los grandes gigantes tecnológicos.

En 2012, Google contrataba a 33.077 personas en todo el mundo. Para que os hagáis una idea de por dónde va el tema, os diré que Mercadona, una empresa nada tecnológica, empleaba en 2012 a 74.000 trabajadores sólo en España. Es decir, Mercadona da trabajo sólo en España a más del doble de gente que Google en todo el mundo. Y mientras que empresas como Mercadona hay muchas en todos los países, Google sólo hay uno - o tres o cuatro, si contamos a otras como Twitter o Facebook que emplean a aún menos gente -. Facebook, por ejemplo, tenía 4.900 empleados en 2012. No llegan a 5000.

Lo primero que debemos tener en cuenta es que cuando dicen "innovación" están diciendo "internet". Y la innovación es posible en todos los sectores, por ejemplo en el de los yogures. Pero aunque se puedan crear miles de empleos innovando en el campo del yogur sólo se promociona - aunque sea a nivel mediático y de discurso político - lo relacionado con la red o las altas tecnologías en general. ¿Es esto positivo? ¿Es una solución al desempleo, es sostenible?

Primero hay que plantearse qué tipo de gente necesita una gran empresa digital, fundamentalmente ingenieros. Y aquí entra el factor principal en el debate: ¿puede sostenerse una economía empleando sólo a personal altamente cualificado? Tendemos a creer que "cualificado" es lo mismo que "calificado". Popularmente, consideramos "cualificado" a cualquier trabajador que tenga un título, pero para un empresario lo importante está en la "calificación", es decir la rareza.

Google necesita un tipo muy concreto de profesionales - estos que se licencian en sitios como el MIT y cobran una fortuna - entre otras cosas porque sólo Google hace las cosas que hace. El mundo no está lleno de clientes de correo electrónico, buscadores web, redes sociales o gafas con internet. Por lo tanto, es improbable que los tipos que trabajan en Google vayan a ser necesitados en muchos otros lugares, y por eso son trabajadores de gran rareza y se han licenciado en sitios muy concretos; por eso no puede haber un MIT en cada provincia - por mucho que España haya construido universidades hasta en los pueblos -.

Otro elemento a tener en cuenta es que la red es el negocio de lo etéreo, y la tecnología en general basa su modelo en suprimir trabajadores humanos. Aunque nos parezca que las redes sociales han venido a salvar el mundo, lo verdad es que son capitalismo puro y duro y lo que al capitalismo le gusta es aumentar beneficios vía ahorro y el ahorro, el 99% de las veces, se consigue despidiendo gente. Amazon está donde está entre otras cosas porque no tiene que mantener locales ni, por supuesto, personas que trabajen en ellos. Directamente de la fábrica a tu casa con un sólo click y, por el camino, no se crea ni un sólo puesto de trabajo nuevo.

En otros ámbitos aún menos físicos que el de Amazon, aquellos donde se mueven Google y Facebook, la cosa va mucho más allá. Un servidor de correo como Gmail no necesita un montón de operarios clasificando cartas y poniendo sellos. Basta con unos cuantos ingenieros en California para gestionar la información de toda la humanidad. Así pues, ¿qué potencial tienen la red y las nuevas tecnologías como motor de creación de empleo?

Las redes pueden hacer que un país crezca de forma ilusoria, porque generan miles de millones de euros - que van a parar a muy pocas manos -. Pero a nosotros lo que nos debería importar es que esa riqueza se distribuya, y la mejor forma de redistribuir la riqueza de una empresa es vía empleo. Los gigantes del motor pueden ser malvados industriales con sombrero de copa, pero generan millones de puestos de trabajo. La red simplemente no. En el caso concreto de España, basta un vistazo a los últimos datos en exportación para comprobar que los aburridos y tradicionales sectores de la industria crean más empleo que los "emprendedores" tecnológicos.

Criticamos al Gobierno porque los ingenieros se van fuera, y es cierto que ha sido insensato por parte de las administraciones licenciar de forma tan masiva, durante tantos años. Pero la pregunta es: ¿hay mercado para tantos ingenieros? No en España, ¿en el mundo? Tenemos que asumirlo: no puede haber un Silicon Valley en cada país. Incluso aunque lo hubiera, no podría dar trabajo a tanta gente. No todos podemos diseñar redes de computación en la nube, sistemas neuronales, mecanismos de robótica, inteligencias artificiales. Pensad en cuánta gente conocéis que pudiera trabajar en una empresa como Google. Probad suerte mandando vuestro currículum a Twitter, a ver si os contratan.

Algunos podrán criticar lo que digo afirmando que Silicon Valley ha creado miles de puestos de trabajo y retrotrayéndose a marcas como Microsoft, que no he mencionado. El problema es que este tipo de empresas pertenece a un tiempo en que no se producían páginas web, sino programas y sistemas operativos que se vendían en cajas en una tienda. Ahora todo está en la nube, se accede a ello de forma digital y se financia mediante publicidad, eliminando toda una infraestructura creadora de empleo. La era Windows de creación de riqueza mediante la tecnología - vía empleos - simplemente terminó, porque hoy en día necesitarás al mismo puñado de ingenieros para diseñar el sistema operativo, pero ya no hará falta nadie que queme los CDs, los etiquete, los empaquete, los transporte, los venda, etc.

En España es además especialmente ridículo porque el sector tecnológico - y más el de internet - simplemente no existe. En Estados Unidos hay un mercado en el que los productos se desarrollan y se venden. En España - y la Unión Europea en general - hay un mercado basado en subvenciones en el que el Estado financia la tecnología, ya sea porque la investiga una universidad o porque la empresa que lo hace recibe una ayuda. Así que el negocio no es tanto vender sino crear un producto "subvencionable". Si nos salimos de Tuenti y Busuu, en España no existe un sólo producto digital que pueda funcionar por sí mismo en el mercado. Hay alguna otra red bien hecha, como Babbel, pero financiada por la UE, por lo cual no cuenta como empresa "de verdad".

En cualquier caso, se generen por sí mismos o sean financiados por el Estado, estos modelos de negocio no son precisamente creadores de empleo así que no sé si podemos decir que sea una buena idea fomentarlos. El Gobierno no lograría mucho con un programa de impulso de las startups 2.0 o, incluso, podríamos salir todos perdiendo.

Las empresas digitales en el mejor de los casos hacen que un tío o dos se forren, y en el peor destruyen por el camino miles de puestos de trabajo. Amazon es el mejor ejemplo: país en el que desembarca, país donde el pequeño y mediano comercio se van a tomar por saco. Y es sólo cuestión de tiempo que las grandes superficies empiecen también con despidos masivos porque, cuando tu competidor basa su estrategia en no tener empleados, no te quedan muchas opciones.

En definitiva, mi opinión es que la capacidad de internet como fuente de creación de riqueza es un mito para no admitir aquello que todos sabemos: que esas redes y esas páginas que tanto nos gustan nos están poniendo las cosas difíciles económicamente - preguntadle a un periodista que no tenga una venda en los ojos qué opina de internet -.

Pasarán unos años hasta que comprendamos la magnitud del impacto de la red en el mercado laboral, un tema difícil y controvertido - muchos no comparten que el desempleo tecnológico exista - que merece una entrada propia. Pero la incapacidad de una página web para poner solución a un problema de desempleo masivo me parece algo bastante evidente.

Con esto no estoy diciendo que no se deba innovar, lo que critico es que "innovación" se reduzca a "internet". En mi opinión, sería mucho más inteligente fomentar la innovación en sectores como el turismo, la agroindustria, la alimentación o la hostelería. Pero claro, innovar en una bodega, una almazara o una fábrica de conservas no tiene el glamour de una red social, dónde va a parar.

14.4.13

¿Qué República queremos (o podemos) tener?



En España se conmemora hoy la proclamación de la República y, como cada año, creo que es una ocasión excelente para reflexionar sobre la democracia, el funcionamiento del Estado y nuestro futuro. Ahora bien, no creo que el debate deba ir - como ocurre siempre - en la dirección monarquía vs. república.

Desde que tengo memoria política cada 14 de abril me ha parecido, más que ninguna otra cosa, una reivindicación de la República de 1931. Antes esto me gustaba mucho, pero ahora ya no tanto. Creo que debemos empezar a asumir que la II República es un régimen histórico y que, como tal, forma parte de la historia. La II República, fuera buena o mala - cada cual tiene su opinión - desapareció hace ochenta años y todas las personas que estuvieron implicadas en aquel régimen democrático llevan mucho tiempo muertas. Es cosa del pasado. Esto es un hecho: no se va a restaurar la II República.

Asumido esto, creo que el debate debería consistir en: ¿queremos una República? Y, en caso de que así sea: ¿qué República queremos para nuestro país? En las manifestaciones y reivindicaciones de las diversas plataformas republicanas, en la discusión pública en general, "república" se ha convertido en algo más bien abstracto, una suerte de idea emocional o mística que se utiliza como sinónimo de justicia, igualdad, progreso, etcétera. Esto está muy bien, pero creo que no es útil. Estar a favor de la paz en el mundo, el amor verdadero y la sonrisa de los niños es muy fácil. Pero más allá de eso, ¿qué?

Lo que quiero es preguntar si alguien se ha planteado de verdad cosas cómo: ¿sería una República parlamentaria o presidencialista? ¿Queremos una República unitaria, autonómica, federal o confederal? ¿Cuál sería la bandera? ¿Y el escudo? ¿Tendríamos un Parlamento bicameral o unicameral? ¿Qué papel tendrían las regiones? ¿Y los municipios? ¿Cómo se constituirían los órganos de Justicia? ¿Qué función cumpliría el Ejército? ¿Cuál sería el himno? ¿El poder ejecutivo lo encabezarían el Primer Ministro o el Presidente? ¿Tendríamos un Jefe de Estado investido de poderes como los Estados Unidos o uno simbólico como Alemania? ¿Qué pasaría con los nobles, se les expropiarían sus bienes? ¿La capital sería Madrid? En fin, todas ellas preguntas que considero aburridas e incómodas para la mayoría pero absolutamente necesarias si lo que queremos es constituir un nuevo régimen. Y nadie las está planteando.

Me parece complicado que una República - al menos una República interesante - pueda emerger de la actual sociedad española - o del "pueblo", como se prefiera -. Cuando pienso en una hipotética "Constitución de 2013" no paro de imaginar cosas como "los ciudadanos y las ciudadanas...". Por no hablar de otras como "el Escudo de España es la careta de Anonymous" o "la soberanía nacional reside en Twitter". Sé que esto puede sonar despectivo, y quiero decirlo desde el respeto, pero no sé si tenemos - y me incluyo - la suficiente cultura política o a las personas más capaces disponibles para esta tarea. La Wikiconstitución que se propuso en 2011 hablaba bastante de lo que comento, y aunque desgraciadamente ya no está en línea, aún se pueden rebuscar algunos de sus artículos.

No voy a entrar en ese juego de que somos una "democracia joven" porque no lo somos. Pero sí creo que somos una sociedad en la que la participación e implicación política están bajo mínimos y no de ahora, sino desde hace más de veinte años. Somos, además, una sociedad - en mi opinión - repulsiva en muchos aspectos a nivel ético y cívico, y esto no es exclusividad nuestra sino que lo creo común a la mayoría de sociedades occidentales capitalistas y de consumo.

España es un país en el que tirar la basura al suelo se sigue considerando "lo normal", y esto denota la idea tan deformada que tenemos de "lo público" - algo fundamental en cualquier República -. En España se sigue considerando un tío "con dos cojones" al que se ríe de Hacienda, vemos normal cobrar en negro o pagar facturas "sin IVA". No hay más que ver cualquier clase de la ESO y el modo en que se trata a los profesores - auténticos parias sociales - para comprobar lo escasos que andamos de valores civiles. Los maestros fueron uno de los pilares fundamentales de la II República y hoy se les escupe por la calle.

A lo mejor peco de culturalista considerando que el español tiene la cruz del "pueblo ingobernable". Quizá soy demasiado conservador, puritano o como se quiera llamar y le doy un valor excesivo a cosas más bien simbólicas como la buena educación o las reglas de urbanidad. Pero realmente creo que un país que no se indigna nunca ante el caradura, ante el sinvergüenza, excepto si son los cuatro políticos que vemos por la tele, difícilmente puede construir una República de calidad. Algunos ciudadanos anónimos se comportan, a su pequeña escala, tan mal o peor que muchos políticos sin que sus vecinos lo vean ni siquiera "fuera de lo normal". En España sigue funcionando aquello de "si todos lo hacen mal, no voy a ser yo el único tonto que lo haga bien". ¿Qué clase de régimen pretendemos producir con ese pensamiento?

Tan sólo imaginad que abrimos un proceso constituyente y ponemos en marcha un debate público para elegir una bandera. ¿De verdad creéis que los españoles se van a poner de acuerdo a este respecto? ¿No imagináis a los partidarios de la tricolor riñendo con los de la rojigualda y todos, los unos y los otros, hablando de Franco y de la Guerra Civil? Yo sí. La mayor parte de los españoles ni siquiera se ponen de acuerdo sobre si España es realmente una nación. No se me ocurre algo más tonto que proclamar una República para una nación cuya existencia ni sus propios ciudadanos tienen del todo segura.

Con todo esto no quiero que parezca que hablo del hecho como si se fuera a producir. Ahora a los medios les gusta dar las cosas por seguras enseguida, y la corrupción de la Casa Real ha creado el falso amigo de que la Tercera está a la vuelta de la esquina. Nada más lejos de la verdad. Ni siquiera hemos logrado que Rajoy dimita tras ser implicado claramente en un caso de corrupción, ni mucho menos vamos a tumbar la estructura básica del Estado. El 99% es partidario del "que me quede como estoy" y creo que ni yo ni mis nietos veremos el fin de la monarquía. Además la República que me interesa ya no es tanto la española sino la europea.

Ahora bien, eso no significa que no debamos abrir este debate. Porque creo que, en el mundo del siglo XXI, la República es otra cosa que quitar un rey para poner un Presidente. Hablar de República es sobre todo hablar ideas, principios cívicos, participación política, responsabilidad ciudadana, solidaridad y fraternidad, visión de futuro, conciencia de lo público y del bien común. Esa es la discusión que creo que necesitamos todos. Necesitamos hablar mucho de valores, de nuestros errores y de las soluciones para el futuro, de la revolución ética que tanto necesitamos. Eso creo que es de lo que debería hablarnos el 14 de abril y, por desgracia, es de lo que menos oigo hablar.

¡Viva la República!

19.2.13

El doodle y la crisis del periodismo

Doodle dedicado a Nicolás Copérnico


En el día de hoy Google ha publicado uno de sus enésimos doodles. En esta ocasión se celebra el 540º aniversario de Nicolás Copérnico.

Los doodles se han convertido en una fuente gratuita de material de relleno para los medios de comunicación. Y creo que también nos permiten reflexionar sobre la profunda crisis del periodismo, de la que tanto se habla, y de cómo los medios de información están perdiendo de forma paulatina su influencia en la sociedad.

Si hacemos click en el doodle de hoy, el primer resultado es una noticia de la Cadena SER. También aparecen entradas de La Voz de Galicia, Ideal, el ABC y La Vanguardia. El titular de esta última es especialmente significativo, pues mientras los otros intentan tener aspecto de "curiosidades", el del periódico barcelonés es puramente informativo: "Nicolás Copérnico, nuevo doodle de Google". El subtítulo es "Google conmemora este martes el 540 aniversario del nacimiento del científico Nicolás Copérnico". Es decir, nos están contando que Google ha creado un nuevo doodle como si fuera una noticia.

No es que Google no sea importante. El asunto es qué papel puede jugar aquí un medio de información. Google no es una rareza escondida en un perdido rincón de la red. Google es el buscador más utilizado del mundo. Google es lo primero que ven miles de millones de personas cada vez que encienden su ordenador. Probablemente la mayor parte de la humanidad no pasa un sólo día del año sin ver la página principal de Google varias veces. Los que no ven Google varias veces al día es porque no utilizan para nada un ordenador.

Publicar en un periódico la noticia "Google hace tal doodle" equivaldría a poner en primera plana: "El sol ha salido esta mañana". O por la noche: "El sol se ha puesto". Quizá podrían publicar también noticias cómo: "En el día de hoy, la Tierra ha vuelto a girar sobre sí misma", "los gatos siguen maullando" o "el mundo continúa teniendo cinco continentes". Se supone que un medio de comunicación debería informarte de algo, es decir, contarte algo que tú no hayas visto con tus ojos.

Nos informan de un doodle cuando podemos perfectamente teclear "google.com" en el navegador. Nos dicen que tal o cual cosa es trending topic en Twitter aunque todos podemos ir a "twitter.com" y verlo por nosotros mismos. Cualquiera diría, según los medios de comunicación, que Twitter es una página secreta a la que sólo los periodistas elegidos pueden entrar para contarnos a los demás, como si estuviéramos ciegos o fuéramos subnormales, lo que se dice allí dentro. Pero no es así; lo cierto es que en Twitter estamos todos, y que nos informen de lo que allí ocurre es como si nos dijeran "los bares españoles sirven café esta mañana". ¿Por qué lo hacen?

La razón es muy sencilla: gratuidad. Los medios de comunicación, al menos una aplastante mayoría, son ahora gratuitos y dependen de las impresiones publicitarias para financiarse y obtener beneficio. La publicidad, excepto la muy segmentada, precisa de audiencias masivas para ser rentable. A Coca-Cola no le interesa colocar un banner en un diario si no lo van a ver varios millones de personas. Y, nos guste o no, a la masa lo que le interesa es la basura. La masa no quiere contenidos de calidad ni informarse bien; la masa quiere mierda, cuanto más sucia mejor, que pueda ojear en no más de veinte segundos y lo bastante superficial como para caber en un tuit.

Es por eso que publican lo obvio como si no lo fuera, es por eso que "nos avisan" de los doodles y de los trending topic de Twitter. Ellos saben que, si se dan la suficiente prisa en colocar sus vaciedades, el propio doodle de Google les mostrará en primera posición. Esto supondrá millones de visitas y, por tanto, clicks para sus anunciantes - y dinero para sus maltrechas arcas -. Lo mismo ocurre con Twitter.

En este sentido cuentan - astutamente - con que la propia gente no tiene demasiado criterio. Aunque un usuario tenga lodado su Twitter con decenas de tuits sobre, pongamos por caso, Urdangarín, probablemente retuiteará igualmente al primer medio que publique "Urdangarín incendia Twitter". Y cuanta más gente lo retuitee más visitas irán al medio, y más todavía si el trending topic está todavía activo. Serán visitas que probablemente no llegarán a los treinta segundos, pero a ellos eso les da igual; son visitas que aparecerán reflejadas en Google Analytics y, por tanto, animarán a los anunciantes a pagar por publicitarse.

Todo ello está llevando a los medios a perder su influencia en la sociedad y dejar de ser, como se les suponía, el "cuarto poder". Debemos tener en cuenta que la Cadena SER es una estación de radio con noventa años de historia y que tuvo, en su momento, gran prestigio nacional e internacional. Ahora es en buena medida una revista de curiosidades que informa sobre los doogle de Goodle que todos hemos visto ya.

Más flagrante aún el caso de ABC, un diario con más de un siglo de historia a sus espaldas. Un diario que pasa de ser una de las más viejas y reconocidas cabeceras de la prensa española a publicar variedades al más puro estilo Muy Interesante. Por no hablar de El País, que después de haber sido durante veinte años el periódico más respetado e influyente de todo el idioma castellano a nivel mundial, ahora tiene una sección dedicada al famoseo barato. ¿Por qué El País sostiene una sección semejante? Ni más ni menos que para conseguir visitas.

La realidad es ésta. Criticamos a los medios por publicar información basura, pero no estamos dispuestos a pagar por contenidos de calidad. Y esto hace que los medios pierdan su influencia. La influencia ahora es de Twitter y de los comentarios que allí haga la gente. Y cuando Twitter pase de moda y caiga en desuso -  lo que ocurrirá en un par de años - vendrá otra red diferente y será la que lleve la voz cantante. Pero los medios no marcarán más el camino porque ahora son un actor secundario entre la sociedad y la información; ya no persiguen la noticia allá donde se produce. Esperan a ver qué se cuenta en Twitter y eso es lo que publican.

Esto es grave, porque la prensa sigue siendo necesaria. Las personas corrientes con Twitter no pueden sustituir al periodismo. Yo puedo contar en Twitter que Google ha publicado un doodle o que está lloviendo. Pero no puedo destapar una compleja trama de corrupción política, porque no tengo los recursos para ello. El Presidente del Banco Central Europeo, por ejemplo, no va a concederme a mí una entrevista porque tenga un blog. Se la concederá a un periodista que tenga detrás un medio respaldándolo.

Pero pronto ya no habrá medios que puedan ocuparse de esto, y los que queden no tendrán la infraestructura necesaria. No la tendrán porque los recursos y el dinero que deberían estar dedicando a estas cosas los estarán ocupando en rastrear doodles de Google, trending topic de Twitter, memes de Facebook, fotos de famosetes y gilipolleces varias. A los periodistas hay que pagarles un sueldo, y ninguna empresa querrá financiar investigaciones o reportajes importantes porque requieren mucha inversión y no obtienen ni la mitad de visitas que un titular con el modelo "Twitter arde por tal cosa". Una noticia "Twitter arde por tal cosa" se redacta en cinco minutos, la prepara un pringado que cobra seiscientos euros y reporta millones de visitas.

En un mundo en el que nadie quiere pagar por nada, no pueden financiarse servicios de calidad. Es algo que va unido, de hecho, a una sociedad con cada menor conciencia, cada vez menos interesada en lo que la rodea. Lo cierto es que nuestra sociedad, en contra de lo que los indignados suelen decir, desea un mundo peor informado o con una información cada vez más vaga y más débil.

La sociedad exige un mundo en que las grandes empresas y los gobiernos puedan hacer y deshacer sin que haya un frente sólido y estable capaz de obligar a los poderosos a rendir cuentas. Está claro que la sociedad desea esto porque si fuera de otro modo pagaría por la información, o al menos se abstendría de difundir en las redes noticias basura o bulos baratos.

22.1.13

Siglos de Oro


Hace muchos años, en España se dieron de forma paralela dos procesos muy distintos: por una parte su punto álgido en las artes (el Siglo de Oro), y por otra su punto álgido en lo político y lo militar (el Imperio donde no se ponía el sol).

El comienzo de ambos procesos suele datarse en 1492; para lo cultural, porque en ese año se publicó la Gramática Castellana de Nebrija, y para lo político, porque… bueno, la historia ya la conocéis: los reyes católicos unifican España, Cristóbal Colón se topa con América, el Gran Capitán (no el del queso, el otro) se lía a vencer batallas en Francia y en Italia, y finalmente Juana la Loca y Felipe el Hermoso se casan y su hijo Carlos hereda medio mundo. Conclusión: España está que se sale.

Pasan los años, y a caballo entre el siglo XVI y el siglo XVII la misma España comienza a dar muestras de agotamiento, de fin de ciclo político: la enquistada e inútil guerra de Flandes, la mala gestión de las colonias ultramarinas, la incompetencia cada vez mayor de los monarcas, el descuido de los tercios y de la marina, la disminución de influencia diplomática en favor de países “emergentes” como  Inglaterra o Francia, la pésima inversión del oro indiano… un desastre, vamos.

Sin embargo, el mismo período de tiempo contempla a la mejor generación de artistas que ha dado este país, un grupo heterogéneo que logró llevar a la cúspide el arte hispano: Cervantes, Quevedo, Góngora, Lope o Calderón a la pluma; El Greco, Velázquez o Zurbarán a los pinceles; Herrera a la plomada. La incesante marea creativa de los siglos anteriores rompió finalmente en una ola de artesanos que, a partir del carácter propio y de beneficiosas influencias exteriores, produjo una buena cantidad de Arte con mayúsculas, el cual se extendió a su vez por el resto del continente.

España era, en definitiva, un imperio que comenzaba a apagarse política y socialmente, mientras que culturalmente brillaba con luz propia; pues no sé si será porque al ser humano le gusta tropezar dos veces en la misma piedra, y a los países, dirigidos por humanos, también, pero una cosa es evidente: España está repitiendo la historia.

A un nivel distinto, claro está: lo que se derrumba ahora no es el imperio, sino el país, y la corriente artística que asombra al mundo es… en fin, es el fútbol.

El punto de partida es parecido, vayamos al año 2002: económica y políticamente, España es una nueva potencia a tener en cuenta, con un crecimiento apreciable basado no en la conquista militar, sino en el turismo, la construcción, la pequeña empresa y el consumo interior; en lo futbolístico, el Real Madrid se ha hinchado a ganar Copas de Europa, y la Selección Española juega bien y para ganar, aunque pierde frente a Corea del Sur en la Copa del Mundo (con la ayuda, eso sí, de dos goles legales que fueron anulados). Es como allá por el siglo XVI, solo que en lugar de las minas de Potosí tenemos la recalificación de suelos, y en lugar de a Garcilaso de la Vega tenemos a Raúl González.

Avancemos a 2006: España produce euros y empleo a un ritmo igualmente elevado y, al igual que ya hubiera hecho en lo artístico a finales del Renacimiento, iguala a Italia como potencia mundial. Sin embargo, hay ya muchas voces que advierten de una posible hecatombe. De vuelta a la pelota, el FC Barcelona gana su segunda Champions, y la selección cae frente a Francia en el mundial de Alemania, pero no sin antes haber desplegado un fútbol que nos sorprendió a todos. La ola está a punto de romper de nuevo.

Y llega 2008, ese año memorable, alegre, lleno de luz y de color. ¿Os acordáis? Quiebran Lehman Brothers y un montón de aseguradoras; todos los bancos del mundo y algunos de Marte dicen que necesitan inyección de fondos; sube el petróleo; la gente tiene miedo a un invierno nuclear (o a que los camiones dejen de circular, no me acuerdo), y agota el papel higiénico en todos los supermercados… es como el Tratado de Westfalia, el comienzo del fin: se acaban los créditos y la concesión de hipotecas, las obras se detienen, el paro comienza a subir, llegó el Apocalipsis y yo con estos pelos.

Sin embargo, ahí estaban Cervantes, Quevedo y Velázquez para sacarnos de la depresión: reencarnados en Xavi Hernández, Iker Casillas y Andrés Iniesta, dirigieron a la selección en su primera victoria internacional, la Eurocopa de Austria y Suiza. Bueno, no fue la primera, pero las olimpiadas no son lo mismo, y dado que para la mayoría de nosotros la anterior victoria europea es una foto borrosa en blanco y negro, me permito la licencia.

El caso es que ahí estábamos, empezando a descomponernos como país, y dejando al mundo patidifuso con un fútbol que ninguna selección había practicado en muchos años, quizá desde la Naranja Mecánica holandesa. Por si esto fuera poco, en el mismo 2008 el FC Barcelona empieza a hacer historia practicando a su vez un fútbol moderno al que nadie sabe oponer resistencia. España se va a pique, pero España mola. Nada nuevo.

Llega 2010, y la crisis es más que un hecho. Si bien seguimos llenando los bares, a ninguno de nosotros le falta un amigo o un familiar en paro, y en cada pueblo ha cerrado por lo menos un comercio. Entran en nuestras vidas términos nuevos y entrañables como troika o prima de riesgo, y vemos como Europa ha pasado de ayudar a Grecia en su lucha por la libertad, a enterrarla en vida con la razonable excusa de bajar su déficit.

En fútbol, sin embargo, no hay quien nos tosa: el Barça sigue despertando admiración y ganando títulos. La selección, por su parte, consigue (esta vez sí por vez primera) hacerse con un Mundial, y encima como a nosotros nos gusta: frente a viento y marea, ante adversarios que no pelean en buena lid, sino que esperan atrás haciendo el partido aburrido, o que directamente se lían a patadas y golpes de kárate.

El fútbol nos une. La crisis no tanto, porque hay españoles que la sufren, y españoles que la aprovechan, pero el fútbol ha logrado algo impensable en nuestra querida Spain, y es que un jugador, en este caso Iniesta, se retire de todos los campos del país entre aplausos. De hecho, el fútbol ha logrado algo más brutal aún, y es que al mismo Iniesta se le considere generalmente un triunfador, y aún así no se le envidie por ello, algo realmente inédito por estos lares.

Concluyo con el 2012, porque el 2013 es una incógnita: durante 2012 han ido ocurriendo todas las desgracias que uno quiera nombrar, desde la derrota de la Armada Invencible hasta la independencia de los Países Bajos, pasando por Carlos II El Hechizado y la expulsión de los moriscos: paro galopante, bajada o congelamiento de salarios y pensiones, protestas blancas, verdes y multicolores, abusos policiales, corrupción y pusilanimidad por enésima vez al descubierto… ¿pero en fútbol? En fútbol la salud del país no podría ser mejor, ya que no solo el Barça sigue siendo el mejor club del mundo, contestada su tiranía por otro español, el Real Madrid, sino que la selección ha vuelto a ganar la Eurocopa, completando un triplete histórico, y encima metiéndole cuatro a Italia, el vecino poderoso. Lo dicho, Siglo de Oro.

El problema es, claro, que esto no puede durar; no lo digo en plan agorero, sino fijándome en cómo la historia se repite. Si así sigue ocurriendo, a nivel político lo próximo que toca es prácticamente la invasión napoleónica, por ponernos un poco catastrofistas, y a nivel cultural… al Siglo de Oro le siguieron ciento cincuenta años de rara vez interrumpida oscuridad, hasta que gente como Larra, Bécquer o Galdós abrieron definitivamente las ventanas.

De igual manera, el fútbol español aguanta ahora como puede, pero un sistema basado en la especulación económica y la preponderancia de los dos grandes clubes (todo esto también muy patrio) no puede durar eternamente, y si no hay euros, difícilmente habrá escuelas que sigan puliendo con paciencia a los nuevos futbolistas españoles, siempre criticados hasta que hay que rendirse a la evidencia de que son buenos (que le pregunten si no, por ejemplo, a Xavi Hernández).

Dediquémonos pues a disfrutar de nuestro Siglo de Oro, porque es posible que pronto llegue un nuevo y anodino siglo XVIII en el que, salvo honrosas excepciones, del tiqui-taca se pase al patapúm-parriba.



10.12.12

El Título Preliminar de mi Constitución

En estos tiempos de descrédito total del sistema político se habla mucho de plantear una nueva Constitución. Añadiendo que tanto la de 1978 como la de 1931 han tenido su aniversario recientemente, se me ocurrió que sería divertido imaginar cómo sería la Constitución de mi país ideal. De modo que a continuación tenéis el Título Preliminar que tendría la Constitución de la Tercera República si alguien cometiese la insensatez de encargarme a mí que la redactara.

No soy ningún experto en Derecho, así que puede contener errores. Es un simple ejercicio de creatividad. Si creéis que falta o sobra algo, o que está mal redactada, estaré encantado de comentarlo con vosotros.

CONSTITUCIÓN ESPAÑOLA

TÍTULO PRELIMINAR

Artículo primero

1. España es una República de ciudadanos de toda clase, que se constituye como Estado social y democrático de Derecho en régimen de Libertad, Igualdad y Justicia.

2. La soberanía nacional reside en el pueblo, del que emanan todos los poderes del Estado.

3. Todos los españoles son iguales ante la ley.

Artículo segundo

1. La República constituye un régimen federal que reconoce la autonomía de los Municipios y las Regiones en los términos que la ley disponga.

2. Las Regiones de España se constituyen como Comunidades Autónomas, en régimen de entidad federal, regidas por sus propios Estatutos dentro del respeto a la Constitución.

Artículo tercero

1. La República no tiene religión oficial.

2. La República no tiene idioma oficial.

Artículo cuarto

1. La bandera de España está formada por tres franjas horizontales, roja amarilla y roja, siendo las tres de idénticas proporciones y con el Escudo de la República en el centro.

2. Todas las Comunidades Autónomas tienen sus propias banderas y enseñas, así como sus escudos, según dictaminan sus Estatutos y serán utilizadas junto a la bandera nacional y la bandera de Europa en edificios públicos y actos oficiales.

Artículo quinto

1. La capital de la República es la Villa de Madrid.

2. Madrid se constituye como Municipio Autónomo en régimen de Distrito Capital y entidad federal, en los términos en que lo dictamine su Estatuto.

Artículo sexto

1. España renuncia a la guerra como instrumento de política nacional.

Artículo séptimo

1. España se constituye como un Estado democrático miembro de la Unión Europea.

2. La República acatará las normas jurídicas comunitarias, incorporándolas a su Derecho positivo, y garantizará la cesión de poderes soberanos a la Unión cuando sea necesario, de acuerdo a la voluntad democrática de los ciudadanos.

Artículo octavo

1. La República garantiza el derecho de los ciudadanos a habitar un medio ambiente saludable y ecológicamente equilibrado.

19.11.12

¿Existe la inversión educativa en España?

Una arquitecta publicó hace dos días un artículo bastante interesante en el que hacía una relación más o menos precisa del dinero que España había invertido en su formación a lo largo de treinta años. La entrada concluye que, calculando la inversión total del Estado, España ha malgastado 6.500 millones de euros en titulados universitarios que, ante la penosa situación laboral, no tendrán más remedio que buscarse la vida en otros países.

El texto ha aparecido en Menéame y ha saltado a foros, prensa, redes sociales y demás. Como es normal en ellos, los indignados lo consideran una explicación suficiente del problema y lo han convertido en su buque insignia de la semana. A mí el artículo, sin embargo, me motiva más preguntas que respuestas y creo que da lugar a varias reflexiones que no estamos haciendo sobre el tema de la inversión educativa.

En su artículo, la autora sólo especifica la inversión que España ha hecho en ella. En ningún caso comenta si esta inversión ha sido exitosa o no, es decir, si la formación ha sido de calidad o si ella ha obtenido unos resultados óptimos. Esto no es aplicable necesariamente a ella en concreto, sino a cualquier estudiante. La pregunta es: ¿existe o ha existido algún control de resultados? ¿Algún seguimiento de objetivos? Es decir, ¿es un contrato en el que ambas partes aportan algo - el Estado dinero y el estudiante resultados - o tan sólo es una subvención?

Se han financiado todo tipo de estudios. Es el punto que más debería invitarnos a reflexionar. Se han subvencionado estudios básicos o más o menos universales - como la Primaria o la formación universitaria -, lo cual admite poca discusión. Pero la autora también menciona "muchos cursos universitarios" - no especifica cuántos - que realizó después de terminar la carrera. También habla del Doctorado o el Máster, todos ellos subvencionados por el Estado.

¿Debe el Estado subvencionar o directamente financiar por completo estudios que no son necesariamente obligatorios o reclamables a todos los españoles? Es decir, si una persona más allá de sus estudios básicos ha tomado la decisión totalmente personal de seguir formándose porque quiere conseguir un futuro profesional equis, ¿es exigible que sea el Estado quien lo financie en todos los casos?

En España - y en Europa en general - tenemos un problema educativo muy grave. Sin embargo consideramos naturales cosas que quizá no tendrían por qué serlo tanto. No quiero decir que estas cosas estén bien o mal, lo que me parece mal es que simplemente no nos las planteemos. ¿Debe España financiar todo tipo de estudios, tanto los básicos como los que no lo son tanto? ¿Es legítimo que el dinero simplemente se haya estado "regalando" en tanto en cuanto nunca - jamás - el Estado ha hecho nada por comprobar si los beneficiarios de becas y subvenciones eran o no buenos estudiantes?

Aunque los indignados negarán esto tajantemente, todos - absolutamente todos - los españoles sabemos que gran parte del dinero de las becas va para gastos personales - no indispensables - y no necesariamente para los estudios realizados. Todos conocemos a gente que se ha ido de vacaciones, de concierto o que se ha comprado un capricho con el dinero de la beca en el tiempo en que todo iba bien. Evidentemente esta situación se está revirtiendo porque el Estado no tiene un duro, pero se hace de la peor forma posible: vía recortes y no ejecutando un cambio estructural que, en mi opinión, debería ser profundo y revisar el modo en que entendemos la inversión educativa. Esto es, financiando a quien lo necesite y asegurándonos de que el dinero se destina íntegramente a educación.

La pregunta fundamental es: ¿existe una verdadera inversión educativa en España? ¿O existe, por el contrario, sólo un gasto educativo? Y aún más: ¿qué tipo de inversión educativa queremos para el futuro?